CAPITULO OCTAVO
CAPITULO OCTAVO EL VIVO AL POLLO “Nada nuevo bajo el sol”. Lo que hoy es nuevo, ayer también lo fue. Y, ya sabemos dónde aparece esto a estas alturas de este libro sobre las simplicidades de la vida, que es en el libro del Eclesiastés. Ya la tierra había engullido el cuerpo del que acabábamos de dejar en sus fauces, aunque estaba en una como gaveta de cemento, pero, igualmente, era bajo la tierra. Cada uno fue volviendo a parpadear para comprender que cada cosa en su lugar, y el nuestro era la vida que continuaba, porque la de aquel, ahorita, en términos factibles era de muerto. Así de sencillo, aunque parezca demasiado simple, y es que lo es. Ahora, nosotros nos fuimos a alimentar el cuerpo porque la vida continuaba. El muerto ya no podría comer, aunque mucha gente en su buena fe, y mas bien, en un gesto de familiaridad suele colocarles café recién colado, o vasos de agua, y algunos mas osados se van al cementerio a pasar el 24 de diciembre a golpe de la medianoche, o se van a l...